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Saber adaptarnos es la clave en la 4ta Revolución Industrial


Se abre un camino muy interesante para todos, donde se acuña el concepto

Muchos autores aciertan en señalar que la concentración de innovaciones científicas y técnicas acaecidas en los últimos años ha dado lugar a una nueva revolución industrial. Los avances en la robótica, la genética, la inteligencia artificial, la nanotecnología, las impresiones 3d, la biotecnología, el big data, los teléfonos inteligentes, el Internet de las cosas, el bitcoin, las energías verdes, las redes sociales y el e-commerce, entre otros, nos empujan hacia una cuarta revolución industrial, una era que vivimos con asombro y ante la cual se abren muchos interrogantes.

Iniciada en Gran Bretaña en el Siglo XVIII, la primera revolución industrial trajo innovaciones mecánicas como la máquina de vapor o el ferrocarril y expandió la urbanización de las ciudades; la segunda se aceleró durante la primera guerra mundial y supuso la producción en masa a través de la electrificación, la proliferación de más y mejores medios de transporte y comunicación y la escalada en la industria del petróleo para satisfacer una demanda creciente de combustibles a escala global; la tercera, a fines del siglo XX y comienzos del XXI, popularizó el uso de las computadoras e Internet y produjo la expansión de nuevas fuentes renovables de energía. Estamos sin lugar a dudas, inmersos en la cuarta revolución industrial. 

Todos estos avances no se limitaron al ámbito económico o productivo, sino que constituyeron un factor esencial de transformaciones políticas, sociales e ideológicas convergiendo en un cambio estrepitoso de las reglas de juego en múltiples ámbitos. De manera singular, los últimos avances en todos los campos se están produciendo a una velocidad única en la historia de la humanidad. La población crece a tasas exponenciales, en las ciencias sucede lo mismo. El mundo parece ser cada vez más chico y estar cada vez más conectado.

La paradoja de esta gran transformación es que no parece que de momento se hayan producido cambios suficientes como para hablar de una revolución económica clásica, con aumento del empleo y grandes expansiones. Somos protagonistas de un enorme cambio cualitativo que irá produciendo efectos en cada industria conforme la tecnología se imponga y se adopte y en tanto cada individuo pueda contar con las habilidades para adaptarse a ello.

Y aquí surge nuestra primera gran interrogante, no sabemos en qué mundo nos tocará vivir en los próximos años. A veces tenemos la sensación de que nos preparamos para enfrentar la cuarta revolución industrial con habilidades de dos revoluciones anteriores.


El Foro Económico Mundial publicó un estudio[1] sobre el impacto que las tecnologías disruptivas tendrán en el mercado laboral y las habilidades que deberán tener esos futuros trabajadores para enfrentarse adecuadamente al mundo que les tocará vivir.

La brecha entre las habilidades que un niño aprende y las habilidades que un niño necesitará al insertarse en el mercado laboral en 15 años, se está ensanchando.

Los expertos del Foro señalan que las transformaciones científicas y técnicas que se están produciendo tendrán un impacto en la desaparición de 5,1 millones de puestos de trabajo a nivel mundial entre 2015 y 2020. Por un lado, se esfumarán 7,1 millones de puestos en lo que ellos denominan “white collar functions”, es decir trabajos de oficina y actividades administrativas. Y por otra parte, la fuerza laboral se incrementará en dos millones de empleos en áreas vinculadas a la informática, las matemáticas, la arquitectura y la ingeniería.

Pero, hace 20 años, ¿alguien podría imaginar los conocimientos necesarios para el tipo de trabajos que se estarían demandando hoy? Debido a la automatización, los cambios tecnológicos, la estandarización en los procesos de trabajo y el acortamiento en los ciclos de innovación se espera que el 35% de las habilidades que la economía necesita cambiarán. Por lo tanto, ¿es posible predecir qué habilidades ¨duras¨ de los chicos que hoy están en las escuelas van a necesitarse para los próximos 20 años?

En este contexto de incertidumbre, a la falta de competencias técnicas o “habilidades duras” y experiencia en los aspirantes a trabajos calificados, es indudable que se sumará en el próximo quinquenio  una creciente demanda de “habilidades blandas”, transversales o “socio emocionales”, la capacidad de adaptarse y encarar nuevos desafíos en entornos ambiguos y cambiantes, de colaborar, comunicarse o de resolver problemas complejos en ámbitos heterogéneos. El pensamiento crítico, la creatividad, el liderazgo y la habilidad para conducir equipos en entornos colaborativos o la gestión de la calidad pasarán a ser capacidades fundamentales.

En el siglo XXI, la alfabetización ya no se ha vuelto sólo una cuestión de falta de instrucción en las disciplinas más básicas (como la lectura, la escritura y las reglas matemáticas elementales) sino de alfabetización digital/tecnológica y científica, incluso de alfabetización en el idioma que habla el mundo desarrollado, el inglés y por sobre todo, implica el desarrollo de conocimientos no específicos, de apropiación de nuevas metodologías de trabajo, cuestiones actitudinales y relativas a la posibilidad de fortalecer habilidades transversales que serán fuertemente valoradas en los próximos años.

Por lo tanto, restituir el derecho a una educación de calidad en el marco del aprendizaje para toda la vida de cara a estos nuevos desafíos no puede reducirse a una visión sesgada de apropiación de conocimientos básicos en lengua, matemáticas, ciencias, tecnología de la información y cultura general; estas habilidades son consideradas básicas pero no suficientes para tener éxito en la vida del siglo XXI.

Es preciso formar en competencias para encarar desafíos más complejos. La innovación disruptiva a la que asistimos tendrá un impacto importante en numerosas variables económicas, desde la productividad, pasando por el empleo, el déficit o las tasas de crecimiento pero principalmente tendrá efectos en la competitividad de nuestros recursos humanos presentes y futuros.

Preparar y educar para un mundo cambiante, demandará incentivar a nuestros alumnos para ser creativos, persistentes, tener iniciativa y pensamiento crítico, capacidad de adaptación, saber trabajar en ámbitos multiculturales y tener la capacidad de liderar en la resolución de problemas complejos, comunicarse de manera efectiva y colaborar, por citar algunas habilidades que no podrán faltarles.
 
Los trabajos que la inteligencia artificial no podrá reemplazar tendrán que ver con aquellos relacionados a actividades estrictamente humanas como la empatía, una actitud positiva y la resiliencia.

Pero las habilidades “blandas” son las más ¨duras¨ de aprender.

Para potenciarlas, es preciso fomentar actividades en equipo, enseñar a través del juego, fortalecer la retroalimentación constructiva, ofrecer oportunidades para innovar, fomentar el deporte, el arte y las ciencias, proveer autonomía para tomar decisiones, crear un ambiente con lenguaje rico, respetar los pensamientos y personas diferentes, propiciar un ambiente para las consultas y preguntas, dar la oportunidad para aprender del error, dejar fluir las emociones, potenciar la habilidad de negociar y liderar positivamente, promover la empatía, la adaptabilidad, la curiosidad, la tolerancia, dar lugar a la contradicción fundada y un gran etcétera.

Esto significa trabajar por una educación que promueva el fortalecimiento de la identidad, del desempeño autónomo, de la adaptación al cambio, una educación que incluya por sobre todo, experiencias educativas no formales asociadas a la inteligencia emocional. 

Se abre un camino muy interesante para todos donde se acuña la frase DARWINISMO TECNOLÓGICO. Esta frase hace alusión a la supervivencia del más apto. Sólo aquellos que sean capaces de innovar y adaptarse a los tiempos aprovecharán la ¨Cuarta Revolución industrial¨.

El líder debe entender el contexto en el que actúa y preparar a su equipo, organización o sociedad para adaptarse a esos cambios.

 
[1] The Future of Jobs Employment, Skills and Workforce Strategy for the Fourth Industrial Revolution. Enero 2016