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El miedo al


Lo que pensamos que podrían llegar a decir otras personas sobre nosotros limita nuestro presente. Les otorgamos una gran influencia a los supuestos dichos, que a ciencia cierta, no sabemos si ocurrirán. Es preciso alejarlos y no es necesario temerles.

Es cierto, sabemos que hay personas que hablan a nuestras espaldas y murmuran cosas. Esas actitudes nos enojan, nos hacen sentir mal y transforman un momento de nuestras vidas en un mal momento. Incluso modifican nuestro comportamiento… si las dejamos.

Vemos que la envidia es moneda corriente en lugares donde hay muchas personas. José Ingenieros, en su célebre y discutida obra El Hombre Mediocre[1] se refiere a los que envidian de la siguiente manera: ¨el que envidia se rebaja sin saberlo, se confiesa subalterno; esta pasión es el estigma psicológico de una humillante inferioridad, sentida, reconocida. No basta ser inferior para envidiar, pues todo hombre lo es de alguien en algún sentido; es necesario sufrir el bien ajeno, de la dicha ajena, de cualquier culminación ajena. Reconocer la propia envidia implica, a la vez declararse inferior al envidiado; trátase de pasión tan abominable, y tan universalmente detestada, que avergüenza al más impúdico y se hace lo indecible por ocultarla¨.

La envidia surge porque se desea lo que el otro tiene y el que envidia siente que no lo puede alcanzar. Es como tener un deseo sin esperanza. Los celos son otra cosa. Tienen que ver con algo que se siente propio pero que se teme perder. Y la admiración y emulación se refieren más a algo que se anhela y se quiere alcanzar, sintiendo que es posible hacerlo.

Por lo tanto la envidia, los celos y la admiración se encuentran en todas las organizaciones, en todos los ámbitos donde confluyamos los seres humanos. Pero son cosas distintas y requieren miradas diferentes. Ingenieros sostiene que ¨a pesar de sus temperamentos heterogéneos, el destino suele agrupar a los envidiosos en camarillas o en círculos, sirviéndoles de argamasa el común sufrimiento por la dicha ajena¨.

¿Qué hacer con aquellos que envidian y critican?

El que tiene méritos y ha logrado cosas con su propio esfuerzo y trabajo, sabe lo que cuesta. Por lo tanto, es menos proclive a criticar. Aquellos que no han logrado su cometido, no han llegado a donde deseaban, no tuvieron el carácter para persistir, tienden más a criticar. Incluso encontramos casos en los que, ciertas personas, sostienen que los fracasos de ellos y los éxitos de los otros provienen como consecuencias de acciones de terceras personas. Todo mediocre es candidato a criticar, sostiene el autor. Y agrega: ¨al envidioso… es necesario ignorarle; tomar cuenta de su infamia sería hacerle un favor. El envidioso es la primera víctima de su propio veneno; la envidia le devora como el cáncer a la víscera, le ahoga como la hiedra a la encina¨.

Es inevitable que hablen y critiquen. Hemos visto que aquellos que conocen del esfuerzo y los méritos no lo hacen. Con lo cual ese sayo le cabe a los mediocres. Por lo tanto, prestar oídos y cambiar nuestro comportamiento en función de las habladurías no tiene sentido. Es preciso prestar atención a aquellos que ayudan a construir y alcanzar el sueño común. Lo demás es preciso alejarlo y no es necesario temerle. Lo difícil es saber diferenciar a diario entre un aporte y un chisme.

El miedo al qué dirán no tiene ningún sentido.

 
[1] El Hombre Mediocre. José Ingenieros. Errepar – Longsellers – 2000. Páginas 119 a 129.